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De la primitiva puebla medieval de Paredes de Nava, ya se tienen referencias documentales a mediados del siglo X, así como de otros lugares hoy despoblados: Báscones, Villandilla, Carejas, Vallesahuquillo, Villafolfo. En un documento del Monasterio de Sahagún, de finales del siglo XI, ya se dice: «in Paretes terras multas et bonas». Y así ha sido, ya que desde tiempos históricos Paredes es villa primordialmente agrícola, aunque tuvo su importancia política, económica y cultural. De ella, fueron señores los Lara, Castro, Haro, Ansurez, los Caballeros de Calatraba y la gran saga de los Manrique, que llegaron a ostentar los títulos de Condes de Paredes. A esta poderosa estirpe de magnates terracampinos perteneció el gran Maestre de la Orden de Santiago, don Rodrigo Manrique de Lara y su hijo Jorge Manrique, afamado y reconocido poeta que bien glosara la vida de su padre (Coplas a la muerte de mi padre) y otras trovas. Pero las relaciones de la villa, con sus señores, no siempre fueron cordiales; y así vemos que a finales del siglo XIV, la población se subleva contra su señor natural don Felipe de Castro, el cual dejaría la vida en los enfrentamientos.

También en Paredes de Nava, surgió otra saga familias de artistas, pintores y escultores; reconocidas figuras del renacimiento español. Nos referimos a los Berruguete: Pedro Berruguete, pintor; Alonso Berruguete hijo del anterior que ejerció como escultor; Alfonso e Inocencio también escultores.

Durante gran parte de la Edad Media, Paredes de Nava, gozó de una gran preponderancia dentro del reino de Castilla. En ella estuvo instalada una importante comunidad judía, por lo que la villa también se convirtió en importante centro comercial y económico de esta histórica comarca terracampina. En el año 1412, la mayor parte de los judíos paredeños se convierten al cristianismo y la que fuese su sinagoga, paso a ser consagrada como iglesia del Corpus Christi, hoy parroquia de Santa María.

Debido en gran medida a esa importancia política y económica histórica, todavía hoy podemos admirar dentro de su casco urbano las interesantes muestras de monumentalidad y patrimonio artístico conservado. De obligada visita es la iglesia parroquial de San Eulalia, así como el museo que alberga. Su monumental fábrica, destaca sobre el casco urbano paredeño, y muy especialmente la original torre de su campanario en la cual pueden admirarse representados tres clásicos estilos arquitectónicos: románico, gótico y mudéjar, estando este último cuerpo rematado por un colorista y llamativo chapitel de teja vidriada. El templo, en su interior, se reparte en tres naves góticas, rematadas por crucero y ábside renacentistas. Destaca en ellas, el retablo del altar mayor, obra de Inocendio Berruguete y de su cuñado Esteban Jordán, para el cual se aprovecharon las pinturas de los Reyes del Antiguo Testamento, pintadas años antes por Pedro Berruguete. El Museo parroquial, ocupa nueve salas y en él se recopilan gran parte de las obras de arte que se encontraban dispersas por otros templos de la villa. Contiene obras de Nicolás Francés, Diego de Siloé, Alonso Berruguete, Juan de Colonia, Alejo de Vahía, etc. toda una excelente representación de los mejores maestros imagineros castellanos.

Otros templos completan la monumentalidad de la villa: la iglesia de Santa María, antigua sinagoga, con su retablo plateresco de Manuel Salcedo. Las de San Juan Bautista y San Martín de los siglos XV y XVI, cerradas al culto. El convento de Santa Brígida, con sus tres afamados retablos y las ermitas de La Vera Cruz o del Cristo del Palacio, la de Nuestra Señora del Carmen del Cerezo y la de Carejas, cuya virgen es patrona de la villa, compartiendo festividad con San Sebastián y la del Señor o de los Benditos Novillos. En el siglo XVII, en Paredes existía un Hospital de San Marcos, en el cual se acogía a los pobres de la villa y forasteros, para curar sus dolencias y enfermedades. Repartidas por los barrios de su puebla histórica (de la Fuente, Renedo, San Miguel, San Juan, Luenga, Ardegón, Gallegos y Mediano) pueden verse excelentes ejemplos de la arquitectura más tradicional de la Tierra de Campos, así como nobles y dignas casonas, algunas de ellas armadas y otras edificadas con claros patrones mudéjares.

El cinco de Enero, en la iglesia de San Martín se representa todos los años del Auto de los Reyes Magos y durante las fiestas patronales se baila el tradicional «Papudo», conocido baile paredeño que se efectuaba en las bodas en los siglos XVIII y XIX. Dentro de su gastronomía tradicional, destacan las sopas de ajo, de pijillo, de chichurro y las mollejas, así como las morcillas, que completan una cocina al típico modo castellano. Entre los postres, merecen destacarse los bollos tontos y listos, las tortas de jerejitos y las rosquillas de palo y de Carejas.

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